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¿Las avestruces esconden la cabeza bajo el suelo?


Cuando de pequeños aprendemos datos sobre los "animales de la selva", nos quedamos con datos inconexos que dan una idea general de lo que caracteriza a la criatura. De las avestruces nos enseñan que son veloces, no vuelan, son las aves más grandes y que ocultan su cabeza en el suelo ante el peligro.

Esto último siempre llamaba la atención por su dudosa utilidad, pero se daba por hecho que no era muy espabilada. Nadie tenía una avestruz en su casa para comprobar de primera mano si era cierto y, en los zoológicos, normalmente el asustado era el que se encontraba al alcance de sus picotazos.


Esta idea errónea se debe a Plinio el viejo, quien en el primer capítulo del décimo volumen de Historia natural, dejó escrito lo siguiente:

Vienen a continuación las aves entre las que las mayores y casi pertenecientes a la clase de los cuadrúpedos, los avestruces africanos o etiópicos, sobrepasan la altura de un jinete montado en su caballo y superan la velocidad del mismo, pues se les han dado alas precisamente para ayudarles a correr. Pero no son voladores ni se elevan de tierra. Sus pezuñas, con las que luchan, son semejantes a las de los ciervos, hendidas y adecuadas para coger piedras, que en su huida lanzan con los pies contra sus perseguidores. Admirable es su capacidad de digerir todo lo que se traga indiscriminadamente, pero no menos lo es la torpeza de unos animales que, teniendo el resto de su cuerpo una altura tan enorme, consideran que permanecen escondidos cuando ocultan su cuello en un matorral. De ellos se aprovechan los huevos, empleados por su tamaño como recipientes, y sus plumas, que adornan las cimeras y los cascos.
El esconder la cabeza como un avestruz llegó a usarse para referirse a la persona cobarde y que no quiere dar la cara, ocultándose hasta que pase el compromiso. El posible origen de este mito pudo derivar de varios comportamientos: el consumo de rocas, es decir, gastrolitos, que ayudan a moler el alimento en el estómago; la posición defensiva de mantener la cabeza gacha, que desde la distancia, pudo verse como enterrada en el suelo, o el rotar con el pico los huevos situados en un agujero en el suelo.

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